La historia
No somos un grupo. Somos una familia, y una historia que continúa.

En 1981, mi padre, Shinsaku Sukeno, abrió una pequeña barra en la rue des Ciseaux. Sin rótulo, sin ruido. Pescado, un cuchillo y la idea obstinada de servir en París la cocina de su país tal y como se vive allí, sin suavizar nada para agradar.
Crecí detrás de esa barra. Allí aprendí el gesto antes que las palabras: el rigor, la paciencia, el respeto al producto. Lo que los japoneses llaman shokunin: el artesano que repite el mismo movimiento toda su vida para acercarse a él, un poco más preciso cada día.

Aquella barra nunca se apagó. Hoy retomamos el hilo, en familia, y a su alrededor van abriendo otras casas. Cada una tiene su rostro, su cocina, su momento. Todas comparten la misma exigencia: el producto primero, la precisión siempre, y recibir como se recibe en casa. Las reunimos bajo un solo nombre: Kobo.
Nuestra ambición no tiene nada de complicado: prolongar lo que sembró mi padre y hacer que París descubra el verdadero sabor de Japón, sin artificios ni decorados inútiles. No seguimos ninguna moda. Buscamos justo lo contrario: direcciones que permanecen.
El sueño cabe en una frase. Que un día se lleve a los hijos allí donde nuestros padres nos llevaban a nosotros. Que un habitual empuje la puerta y suelte, sin más: « yo ya venía aquí, antes. » Ese día sabremos que lo hemos conseguido.
Una familia, y unas casas a las que se viene a comer y se vuelve para recordar.
La familia, año a año
Shinsaku Sukeno abre la casa fundadora en la rue des Ciseaux. Sin rótulo.
A dos pasos de Tsukizi, el izakaya de la familia. Shin, como el nombre del padre.
El buque insignia, junto a la place Vendôme. Sushi, izakaya, cócteles y barra de omakase. Saku, la otra mitad del nombre.
Cocina italiana, manos japonesas. Rue Dauphine, apertura en septiembre.
El bar de gyozas. La historia sigue escribiéndose.
El siguiente capítulo se escribe en la mesa.
Ven a vivirlo desde la sala, o escríbelo con nosotros desde la cocina.